ELLOS SABEN QUÉ ES EL TIEMPO

    Ella pasa una noche por la cuadra de siempre, obligada ruta de la vuelta a casa. La luna es fría y azul y los árboles se vuelven invierno. Pasa frente al edificio conocido, impersonal, que marca la mitad del camino.

Él en su habitación azul, vacía, balbucea sílabas en el saxo. Le arde en las manos con ganas de cantar voces y escupir sentidos. Salen bruscos sonidos que rebotan en las paredes haciéndose oír.

Ella pasa sin detenerse y lo escucha.

 

Él escribe notas de aquellas que nada sabe, y desparrama en el suelo papeles que dan cierta seguridad contra el frío interior.

 

Ella pasa otra noche y se detiene. Se asoma sin ser vista a la ventana y ve la pared azul como un mar sin peces. En el techo una lámpara redonda y en el medio del espacio él, inclinado sobre el instrumento como preguntándole cosas. Ella quisiera saber qué le dice. Y los sonidos aún son  torpes. Y él tiene barba.

 

A él una noche le pesa el techo. Y entonces toca a oscuras. Y ella pasa y se detiene metros antes. Lo escucha y no lo ve, y piensa en sus manos: las manos de otro se han hecho ya ruta obligada. Quisiera ir al fondo del mar.

Él quisiera salir a la superficie. Llevarse consigo los fraseos, los hilos, los cúmulos de sonidos.

La habitación vacía está negra. En la ventana se asoma una cara. “Quiere que le dedique una canción”, piensa él. Y se acuerda del tipo que sabía lo que era el Tiempo.

Ella se acuerda de Jack Kerouac y piensa “este tipo sabe qué es el Tiempo”.

Él sopla y le sangran las manos.

Y ella entra por la ventana.

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