ELLOS SABEN QUÉ ES EL TIEMPO
Él en su habitación azul, vacía, balbucea sílabas en el saxo. Le arde en las manos con ganas de cantar voces y escupir sentidos. Salen bruscos sonidos que rebotan en las paredes haciéndose oír.
Ella pasa sin detenerse y lo escucha.
Él escribe notas de aquellas que nada sabe, y desparrama en el suelo papeles que dan cierta seguridad contra el frío interior.
Ella pasa otra noche y se detiene. Se asoma sin ser vista a la ventana y ve la pared azul como un mar sin peces. En el techo una lámpara redonda y en el medio del espacio él, inclinado sobre el instrumento como preguntándole cosas. Ella quisiera saber qué le dice. Y los sonidos aún son torpes. Y él tiene barba.
A él una noche le pesa el techo. Y entonces toca a oscuras. Y ella pasa y se detiene metros antes. Lo escucha y no lo ve, y piensa en sus manos: las manos de otro se han hecho ya ruta obligada. Quisiera ir al fondo del mar.
Él quisiera salir a la superficie. Llevarse consigo los fraseos, los hilos, los cúmulos de sonidos.
La habitación vacía está negra. En la ventana se asoma una cara. “Quiere que le dedique una canción”, piensa él. Y se acuerda del tipo que sabía lo que era el Tiempo.
Ella se acuerda de Jack Kerouac y piensa “este tipo sabe qué es el Tiempo”.
Él sopla y le sangran las manos.
Y ella entra por la ventana.
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