EL ESCONDITE
Se excusó por su tristeza, sintiendo que no era necesario; sintió el calor quieto de ella debajo del suyo, abrió la boca y supo que la amaba.
Decidió morir entre sus brazos y quizás también vivir.
Pero, demasiado pronto, amaneció.
Decidió morir entre sus brazos y quizás también vivir.
Pero, demasiado pronto, amaneció.
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