ABRAZADO A LA LUNA
La Plata, 20-11-2014
Con tu curiosa manera de correr quedándote quieto,
casi absolutamente inmóvil.
Clavado al suelo con uñas y dientes.
Y cuando el suelo se mueve
(porque la tierra se mueve, sabés…),
estirás las manos hasta alcanzar
un martillo y unos clavos.
Y ahí sí,
con tu atención concentrada y afanosamente,
claveteás todo en lo que creés que es su lugar.
Corrés a favor de la corriente,
creyendo que así llegás más rápidamente
a tu ningún lugar.
Movés tus brazos como aspas buscando viento,
cuando sólo hay calma.
Y te protegés de la brisa leve
que te acaricia,
o de la ráfaga vital
cuando se te presenta
y te invita a bailar.
Abrazado a la luna para no dejarte caer
te perdiste de ver su brillo,
de saltar hacia el fondo de mis ojos.
Estático, inmóvil.
Me mirás bailar, correr, caminar, saltar y volar
sin entender qué es lo que pasa.
Sin ponerle colores a tus ojos.
Sin la libertad
que da mirar al miedo a la cara
y sacarle la lengua.
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