TODAVÍA HOY PUEDO IMAGINARLO
Berlín, 27-09-1999
Todavía hoy puedo imaginarlo
en su viejo auto
antes del atardecer
en una ruta argentina
en un viaje hacia la nada.
Cantando alguna vieja canción,
tan desafinado.
Nunca quiso estar sentado
al costado del camino.
Sólo paraba a descansar.
Con su aspecto franco
remembrando a todos
un ángel
a veces también diablo,
dudaba en un instante
de todo lo posible
y volvía a ser niño
en mis brazos.
Doblaba su interminable cuerpo
como un papel de caramelo,
sonreía con los ojos
tras las pestañas cerradas
y se dormía.
Se suponía que fuera un artista,
se suponía que luchara para
aprender a amar,
se suponía que llorara sus fracasos,
se suponía que fuera la luz
de mi vida,
se suponía que aprendiera
de los animales
a curar sus heridas,
se suponía que uniera
dos mundos en su historia,
y que fuera el río
para el sauce
y la luna para el sembrado.
Y así fue.
Pero se fue.
Quizás decidió ser humano,
ser el sauce,
enseñar amor,
apagar la luz,
dejar que sus dos mundos
se amaran solos
y no llorar más que sus victorias.
Y dejar atrás el cansancio.
Y dejar atrás esta soledad.
Quizás decidió ser humano,
ser el sauce,
enseñar amor,
apagar la luz,
dejar que sus dos mundos
se amaran solos
y no llorar más que sus victorias.
Y dejar atrás el cansancio.
Y dejar atrás esta soledad.
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