UN CARTEL AZUL EN LA NOCHE NEGRA
Buenos Aires, 25-03-2001
Leo la historia de un borracho que aparentemente ya no cree en la vida, y lloro.
Porque la noche es azul y negra. Y los carteles son solitarios, solo un cartel de luz azul en la noche.
Y no soy lo que imagino ser.
¿Cuántas cosas pueden irse de nosotros? Tantas como luces tenga la noche. Tantas como pasos pueda yo dar en diez horas de oscuridad.
Brillan ausentes las palabras. Mismos carteles. No se me acercan cuando las llamo.
Solo vienen las que no me importan, las que no me salen, las que aborrezco.
Pero alguien me quiere.
Toca mi aire con manos de arena. Lo atraviesa sin que se rompa. Y sin deshacer sus manos. Desenreda mis palabras con sus ojos. Para escucharlas cuando no las digo.
Y sus nombres resuenan en las formas del aire. Y no quiero atraparlos, porque me gusta que se confundan.
Decir miles de nombres equivale a querer que las palabras me encuentren.
Y las dos cosas son ciertas.
Y yo quiero ambas. Las palabras y los nombres.
Y más.
Voy hacia ahí, derecho a encontrarme con todas las formas del aire, con los sonidos quebrados de mi propia memoria, con el dolor que traen algunas historias y los carteles azules en las noches negras.
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