HUMO DE AYER
Buenos Aires, 15-11-2003
¿Se acuerdan de anoche,
cuando caía la luna
sobre las manos
de la guitarra
y nadie sabía
qué hora esperaba
acechando tranquila
desde la almohada
a que todo callara?
¿Se acuerdan que entonces
tomábamos vino,
escuchábamos cantos
ocultos, dormidos
y decíamos nuestras
propias, torpes palabras?
Teníamos magos,
cantores, espadas,
espacio vacío,
dolor que quemaba,
alegría en los ojos,
tristeza en el alma,
y sabíamos todos
que nada ni nadie
valía más que nada.
Sabíamos que entonces
el tiempo era nuestro
y no había preguntas.
Teníamos dudas,
algunos rencores
y heridas profundas.
Pero eso era anoche,
cuando la luna callaba
y el cielo decía.
Ahora está el sol
sabiéndonos pocos
diciéndonos cosas,
queriéndonos solos,
y el humo de anoche
desde esta mañana
ya no nos servía.
¿Se acuerdan de anoche,
cuando caía la luna
sobre las manos
de la guitarra
y nadie sabía
qué hora esperaba
acechando tranquila
desde la almohada
a que todo callara?
¿Se acuerdan que entonces
tomábamos vino,
escuchábamos cantos
ocultos, dormidos
y decíamos nuestras
propias, torpes palabras?
Teníamos magos,
cantores, espadas,
espacio vacío,
dolor que quemaba,
alegría en los ojos,
tristeza en el alma,
y sabíamos todos
que nada ni nadie
valía más que nada.
Sabíamos que entonces
el tiempo era nuestro
y no había preguntas.
Teníamos dudas,
algunos rencores
y heridas profundas.
Pero eso era anoche,
cuando la luna callaba
y el cielo decía.
Ahora está el sol
sabiéndonos pocos
diciéndonos cosas,
queriéndonos solos,
y el humo de anoche
desde esta mañana
ya no nos servía.
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