COMO LA PRIMAVERA DENTRO DEL INVIERNO

Buenos Aires, 27-08-2000

Me encontró en una esquina y me habló de un montón de cosas, él nunca paraba de hablar.
Tanto tiempo hacía que no nos veíamos...
Pero parecía que me hubiera visto la semana pasada, me contaba cosas de las que yo no tenía ni idea, como si supiera de qué me estaba hablando.
Por lo general había querido volver a verlo, cuando pensaba en él, que no era muy seguido. Pero ese no era un buen día.
Pero yo lo conocía y supe que no iba a callarse ni a contentarse con comentarios banales.
Y allí estaba, pidiéndome de tomar un café. Y a pesar de mí, allí estaba yo, diciendo que sí, quién sabe por qué.
Y ahí estábamos los dos, en un bar que me recordaba a  alguien más. Alguien que ya no estaba por ahí, pero que había dejado su sonrisa impresa en las mesas.
Por qué fuimos a ese bar, qué eventos aleatorios hicieron que allí acabáramos ahí esa tarde, no lo sé.
Y qué fue lo que me impulsó a seguirlo cuando llamó un taxi, tampoco.
Así que seguimos hablando. Pero yo no estaba ahí. El se sacó la ropa, logró de alguna forma que me sacara la mía.
La habitación del hotel era fea, nada terrible pero no agradable. Y yo tenía frío. Se ve que le pareció que tenía que hacer algo más, porque yo no daba señales de estar presente en lo que estaba haciendo. Y entonces me dio un beso, como si esperara que eso me calmara. Pero yo cada vez estaba más lejos de ahí.
Tanto hacía que no lo veía, y ahora que estaba frente a mí tampoco lo veía, estaba sola.
Me desmoroné. Me caí al piso, según recuerdo en dos movimientos, porque alcancé a agrarrarme del borde de la cama.
Y él me llevó al hospital y de allí a mi casa. Yo no quería que supiera dónde vivía, pero no pude evitarlo, por supuesto.
Y así fue que empezó a visitarme. Yo me recuperé en seguida, no es que estuviera lastimada o algo así. Pero él venía a visitarme como si lo estuviera, era como un acuerdo tácito que se generó a partir de la caída.
Y entonces lo tenía siempre dentro de mi departamento, ponía discos, cantaba para mí, cocinaba algo. Yo no sabía si quería o no, pero no me resistía. Y después ya quería que estuviera cuando no estaba.
Y se fue quedando, como entra la primavera dentro del invierno. 
Y ahora ya no tengo miedo de encontrarlo en alguna esquina, o de que empiece a hablar de cosas que no sé qué son.

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