NADIE SE ATREVA A MIRAR DENTRO DE MÍ

Buenos Aires, 22-08-1999

Nadie se atreve a mirar dentro de mí;
nadie debería
porque es peligroso,
es un lugar lleno de abismo
que es el mismo de cada uno
pero mío,
un profundo misterio
tan de ser humano
pero diferente.
Nadie debería animarse a entrar 
porque no pertenecen allí
y es sabido que el entorno 
expulsa a los forasteros.
Allí despiertan las caras que se niegan al afuera 
y duermen un sueño de no presencia
en mi propia vigilia,
allí se descubren como todo lo que no quiero ver
o mostrar;
dentro de mí está el mar de agua violenta
que se hunde en sí mismo
y no permite miradas
que pretendan descansar en sus aguas, 
que se traga lo que parece andar suelto
porque no lo distingue;
allí las cosas no tienen identidad,
caras, formas, recuerdos, 
vagos intentos de pensamiento, 
colores, motivos, aparentes emociones
y transcurrir se confunden
o se unifican
porque nada tiene en sí mismo más valor
que otra cosa.
Y, como así dicho no impresiona
porque parece algo de todos los días
y que puede ocurrirle a todo el mundo,
así es de terrible,
y así de peligroso.
Por eso nadie lo intenta,
y porque no imaginan el desafío que implicaría 
el querer entrar allí.
Nadie pertenece a este lugar;
con suerte puedo entrar yo cada tanto.

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